Nancy Facio ESCRITO POR  Nancy Facio Mar 21, 2018 - 302 Visitas

Quiero ser Presidente, como Benito.

Ahí estaba yo, con el peinado bien alizado, con dos cucharadas de gel y mi eterna sonrisa. Frente al tradicional pizarrón verde bandera. Me gustan las fiestas, quizás por eso nunca olvido, que desde que cursaba el preescolar, no escuché de historia y contribución de los hombres y mujeres valientes que aportaron el sentido a nuestro México, fue en el hogar donde nació ese interés. Siempre que llegaba a casa, mi madre, una amante de la lectura, la historia y sobre todo de que uno se prepare para “ser alguien en la vida” repetía constantemente:

-Les gusta más hacer festivales que enseñarte la historia del país-

Gracias al maestro Javier, un hombre muy serio, que no alcanzaba ni el metro con 60 centímetros, siempre bien peinado y comprometido con su trabajo, uno de mis docentes en primaria, escuché la historia, que parecía en realidad un cuento, donde un niño de la etnia zapoteca se quedó huérfano, este menor, orgullosamente, de origen indígena se hizo cargo de sus hermanas, cuidaba ovejas en el campo, nada lejano a la realidad de ahora. Este valiente mexicano a su temprana edad migró, viajó a la capital de su estado, Oaxaca para poder sostener a las mujeres de su familia. Con la sola idea de salir adelante, de superar la adversidad.

No puedo negarlo, ese Benito, que es realmente más que un icono de la patria, es quien me despertó la idea que todo se puede, si se quiere, si se lucha por eso. Siempre fui una niña curiosa, pero nunca me imaginé lo significativo que sería para mí el conocerlo, se volvió el amigo imaginario que no sólo a mí, llenó a generaciones de conciencia y ahora más que nunca, es ejemplo a seguir. Más actual que nunca.

Mi profe dijo su nombre:

-Benito Juárez García-

-Mucho gusto- respondí en mi mente, ya no era un cuento, era realidad, parte de la historia, era de carne y hueso.

Mi familia repite dichos, refranes y frases, es parte de la inegable tradición mexicana, por ello sus palabras me hicieron entender que el respeto era importante, que ello garantizaba todo.

Escuché la frase “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, la más emblemática de todos los tiempos, pues llegaban a mi mente muchas ideas, pero sobre todo, cuestionamientos sobre lo que representa el respeto a las garantías, a los ciudadanos.

Este hombre de tez morena fue uno de los grandes defensores de los derechos humanos, la libertad en muchas formas y siempre tuvo en mente formar un país más justo, pero sobre todo, una población educada; él de verdad vio por el pueblo y no por engrandecer más su poder. Es pues lo contrario de los políticos que por décadas tienen sumido a mi país en la violencia, corrupción, injusticia, inequidad e impunidad.

¿Qué comería Benito? ¿Dónde dormiría? ¿Alguien le daba abrazos? ¿Quién le escuchó? Me atormentaba las carencias que tuvo, pero también ahora se que ello fue la base de “un país educado es un país libre”. Un defensor de la educación laica, gratuita y obligatoria como lo señala el artículo 3° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. Fue un funcionario que desde su primer puesto puso hechos antes que palabras.

Si ahora es complicado luchar contra la discriminación, me imagino en aquella época. Mi conciencia infantil me hacia pensar en muchas situaciones, esas que tuvo que sortear para convertirse en un héroe de la historia de México;  perseverancia y el seguir sus ideales para convertir a la nación en un sitio mejor para los mexicanos.

Se volvió un enigma, que hizo que en muchos niños como yo naciera el interés por saber más de nuestro pasado. Pero, quizá a veces nos preguntamos ¿Para qué sirve conocer de historia de nuestro país?

En todo, no olvidar nuestro origen, aprender de los errores, superarlos de forma positiva, da capacidades en el mundo adulto que son de verdadera utilidad. Que nos hace mejores. Desde niños, en algún momento soñamos con vivir en un lugar mejor, más justo, donde las oportunidades estén al alcance de nuestras manos, donde haya igualdad, libertad de decisión; no exento a todas las generaciones, pues si nos interesáramos un poco sobre lo que hicieron algunos personajes para contribuir a la libertad de los pueblos, al menos seríamos más analíticos al conocer las ahora propuestas de aquellos que buscan un cargo público.

Ahí estaba yo con mis pequeños ojos escuchando la historia de ese niño que se volvió Presidente, uno de los mejores de la historia del mundo.

-Quiero ser Presidente como Benito-

Muchos lo pensaron. Ahora de adulto sus ideas me hacen tomar conciencia de cual hipócritas son los actuales dirigentes. Muchos podrán “falsificar ideales” para lograr empatía con los mexicanos, pero las contribuciones de Benito Juárez García y algunos otros personajes, jamás volvieron a ser vistas; y aunque sus iniciativas y movimientos permanecen hasta nuestros días, con algunas modificaciones, su lucha fue un tanto radical, entregada y desinteresada como tendría que ser la de todos los gobernantes; sus ideas fueron progresistas y visionarias, y muchas de las libertades que gozamos hoy, son gracias a ellas.

Así inició mi romance con la historia, una que espera que llegue otro Benito y rescate a mi querido México.

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