Arturo Monjaráz ESCRITO POR  Arturo Monjaráz Jul 16, 2018 - 271 Visitas

Celestial visita en el Estadio Luzhniki

“La policía divina es un ejemplo, mientras la policía terrenal lastima a todos“
.
Suena el despertador, todo escandaloso, como cada mañana en punto de las 5:30 a.m. Me despierto voy a la ventana del piso en el que vivo, en la puerta de mi departamento sigue inmóvil el 512; esa ventana que da aún al parque más cercano.

Hace frío, menos de 14 grados, contemplo por un largo momento el paisaje; de pronto un ruido que proviene de la cocina se acompaña con un aroma que mi olfato puede identificar a lo lejos, me levanto me pongo mis pantuflas que tanto adoro y me dispongo a tomarme una rica taza de café americano, me siento sobre la barra. Mi paladar agradece el sabor. Entre sorbo y sorbo, leo mis redes sociales: un mundo de información está en mi celular.

Hay que poner la casa al día, el premio del baño tibio. Sobre mi cama se encuentra el uniforme de oficial, lo tomo sobre mis hombros y lo observo, son muchos pensamientos, lo que yo podría hacer por mi país y por la humanidad. Todo portando ese nuevo uniforme de poliéster, pantalón negro, camisa blanca, corbatín y la boina, esa que ahora colocó sobre mi cabeza.

Son las 4 p.m. estoy parada frente a un monstruo de mil cabezas, donde una sola manda. Voy a demostrar que soy fuerte y que tengo el valor para enfrentarlo.

Mientras estoy formada para poder ingresar al campo donde se dará la última batalla de batallas, de un torneo donde 22 persiguen a un balón, que atrae las miradas de todo el mundo. Mi cuerpo siente correr más la adrenalina, estoy en llamas; estoy segura que hoy haré un bien para los míos, para todos.

Luego de ingresar al Estadio Luzhniki, el sonido es ensordecedor, eres anónimo entre tantos, miles que están en el más famoso estadio de este mundial. La gran final, la publicitada y esperada por propios y ajenos, es el Mundial de Rusia 2018. Olvido algunas de mis pertenencias y me dirijo al verde campo a realizar mi objetivo.


Inicia el juego, todo va bien, los protagonistas hasta el momento son los jugadores de Francia que se enfrentan contra Croacia. Ahí están mis otros, los otros yos que son lo mismo que yo, somos compañeras, me realizan una seña, minuto 30 marcador 0-1 a favor de Francia. Llegó el momento, levanto mi frente en alto, me impulso y comienzo a correr al centro del campo mientras los jugadores se los dos países se disputan una copa, nuestras piernas se mueven, mis tres amigas y yo seguimos con el objetivo claro. Enmudecidas ante la ovación, mientras detrás hay otros, nos persiguen los guardias.


Una sonriente de mis compañeras es atrapada y la sacan del campo, la rodean los brazos de tres hombres molestos. Sigo yo, contrario a un juego de futbol soccer, ahora me taclean como en super bowl, pero mientras mi rostro está de perfil sobre el césped verde que embellece al Luzhniki, veo como alegremente mi otra compañera eleva sus palmas al aire para ponerlas sobre las palmas de ese jugador francés de nombre  BMAPPE, con número de playera 10 y el cual se solidariza con nosotras. Ahora veo verde, esperanza porque se que el mensaje llegó.


No somos libres de manifestarnos. Demandamos, exigimos libertad a los presos políticos, un alto a los arrestos ilegales en mítines políticos por parte del gobierno de Vladímir Vladímirovich Putin, Влади́мир Влади́мирович Пу́тин.

No somos criminales, no merecemos que nos fabriquen pruebas, sólo porque somos oposición. Así no se elimina la competencia. No es juego limpio.

Mientras somos retiradas del campo escucho los radios de los policías del lugar decir “solo son cuatro miembros de Pussy Riot, están en el campo, en la Final”. No sólo somos un grupo de punk rock, somos algo más: somos la resistencia.

Ahí en el campo recordamos al poeta y disidente ruso Dmitri Aleksandrovich Prigov, Дмитрий Александрович Пригов, quien falleció hace 11 años, nosotros  las Pussy Riot recordamos como portador del “Estado divino”.

La policía celestial mira a los fans de la Copa del Mundo, mientras la policía terrenal se prepara para dispersar manifestaciones. El Policía celestial toca afectuosamente la flor en el campo y se regocija con las victorias del equipo de Rusia, y la terrenal es indiferente a las huelgas de hambre. La policía divina es un ejemplo, mientras la policía terrenal lastima a todos- señalamos en nuestro comunicado.

Esta vez solo fuimos cuatro y solo parte del grupo ruso de punk rock y activistas feministas Pussy Riot, somos responsables de invadir en el campo durante la final del Mundial Rusia 2018, entre Croacia y Francia. Somos el equipo que tiene todo en contra.

Probablemente en un futuro los Mundiales recordarán la posibilidad de una bella policía celestial en un hermoso futuro para Rusia, pero cuando los policías sin tierra entran al terreno de juego sin reglas destruyen nuestro mundo. En donde hay igualdad, no represión.

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