Cecilia Written by  Aug 12, 2017 - 80 Visitas

The Original Pantry, sabor americano, poder latino




El armonioso sonido de los platos, el crujir del tocino en la plancha y el aroma del café, son icónicos en este típico restaurante estadounidense donde trabajan un promedio de 80 personas.

        Por la atmósfera se expande el aroma de café bien hecho. La plancha acoge el susurro de la masa, que en su terso encuentro se pinta de dorada y libera burbujas. Un olor a miel y mantequilla comparte el aire con el ahumado del tocino, fiel pareja de unos esponjosos huevos revueltos y un plato de papas cocinadas según la tradición estadounidense. El tiempo se detuvo en The Original PantryLa Original Panadería.

        La luminiscencia se cuela por las grandes ventanas del lugar y compite con luz eléctrica que abraza a todo aquel que entra.

        El sitio tiene dos puertas de cristal: una es para los que quieren una mesa —y soportan estoicamente una fila larga—, por la otra entran los que tienen prisa. Los primeros, felices, entre la charla con sus acompañantes comparten expresiones similares: “¡Muy rico!”, “¡Buenísimo!”. El sonar de sus cubiertos contra el plato imita el sonido de una batería.

        La barra es un territorio libre para aquellos que se quieren aventurar en un servicio rápido, sin la necesidad de hacer una fila india. Es una “L” de cobertura brillante, que invita a sentarse en el anonimato para enfrentar una experiencia que refuerza lo que afirma la placa dorada que adorna uno de los muros en el exterior del restaurante. Según esa placa, al estar en The Original Pantry, estás en uno de los mejores sitios para comer en Los Ángeles, California.



 En inglés se escucha el grito de Juan Díaz, quien “canta” el Paquete 4. Es un nicaragüense de 48 años; te sirve rápido en la taza alta que tiene impreso el logotipo del lugar. Humea el líquido negro, en tanto el hombre chaparrito, con el cabello cortado con celo, los bigotes al estilo Jorge Negrete, enfundado en una camisa blanca de manga corta y un moño negro, escribe en su libreta la orden.

        Su misión es limpiar el espacio, poner el café y traer, en menos de cinco minutos, un suculento desayuno.

        Juan Díaz dejó hace 22 años su país y aquí se casó con la hermana del chilango hacedor de hot cakes y pan francés, Martín Alcántara —alto, de gran abdomen y bigote a la Tin Tán—. “Dejamos entrar lo peor del Pantry a la familia”, bromea el mexicano, a carcajadas.

        Casi sin hacer ruido y casi a manera de una fotografía de comercial, el azúcar, mantequilla y salsas aparecen en tu panorama, sobre la mesa.

Lo que pasa en La Original Panadería es un reflejo de Los Ángeles.

        Como el set de un largometraje hollywoodense perfectamente ambientado, el restaurante lo admite a uno como parte de una escena.

        De la cocina de este set salen cada día miles de panqueques. Desde 1924, cuando abrió, nunca cerró un solo día. Y brinda la oportunidad de desayunar las 24 horas del día.

En un año, el Pantry es protagonista de cifras inimaginables: 494 toneladas de verduras (130 de lechuga y 364 de papas), 16 toneladas de frutas, 9.5 toneladas de harina, 500 kilos de tocino, 188 toneladas de hielo, 15 toneladas de azúcar, 527 litros de miel, 486 litros de leche, mil 345 litros de jugo de naranja, 54 toneladas de huevos.

        El comedor es, además, un espacio natural para el latin power; 80 latinoamericanos integran el servicio en The Original Pantry: 60 mexicanos, 20 salvadoreños, un peruano y un nicaragüense. Son unas máquinas de trabajo que buscan la perfección, entre otras cosas porque un error les haría perder su trabajo: cientos demandan una plaza en el lugar.

        En una ciudad donde el inglés desaparece en zonas enteras, se agolpan más de cinco millones de nombres (unos contados y otros ignorados por el Buró de Censo del Gobierno de los Estados Unidos): los Juanes, Antonios, Josés, Marías, Cármenes, como un gran brazo, que incansable busca un lugar mejor. Son un gran robot que busca conservar su esencia. Millones que en pos de un sueño se transforman en máquinas que olvidan que tenían una vida.

        En Pantry, el chasquido del aceite suena mientras la pareja de huevos conserva lo blando de sus centros amarillos. El proceso es cuidado por la espátula de Antonio Ayala, un hijo de Morelia, Michoacán, que quiere regresar a terminar su vida en México. “Si no, en Los Ángeles y que me entierren bajo una jacaranda”, se consuela el sexagenario de blanca cabellera, cuyo bigote lucha contra las canas, manteniendo guiños negros.

        Esos que su tierra le negó y ahora disfruta escuchando los elogios por su deliciosa comida, como en su casa.

Celebridades que han desayunado en The Original Pantry

Bill Clinton, Lance Armstrong, Joe Dimaggio, Marilyn Monroe, Marthin Luther King, Charlton Heston, Humprey Bogart. 



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