Zul de la Cueva ESCRITO POR  Zul de la Cueva Aug 15, 2017 - 47 Visitas

El mariache tropical

En el Hotel de Mendoza

“A mí me dicen 'El Mariache Tropical' porque nací en la tierra del 'mariache' y canto tropical. En grabaciones ¿con cuál no he grabado? Con Mariano Mercerón, con “El Cara de Foca”, Dámaso Pérez Prado, Juan García Esquivel, Ramón Márquez, Chucho Rodríguez, Emilio B. Rosado, Benny Moré… Con muchos conjuntos también”.





Estar ronco no se vale

 Es viernes. Después de un aguacero torrencial que inundó, para variar, la mitad de la Perla Tapatía; un hombre entrado en años, vestido con humildad, entra y camina lentamente, ayudado de un bastón, al Hotel de Mendoza. Se sienta en las salitas junto a la recepción y saluda amablemente.

            Hace diez años que él no visita la ciudad que lo vio nacer. En ese entonces Marcos Huerta, Vicente Garrido e Iván Zedillo, entre otros amigos, le hicieron su primer homenaje en tierras tapatías con un evento en el Salón Veracruz. Era un homenaje íntimo en el que las autoridades no quisieron tener nada que ver; igual estuvo ahí el pueblo, emocionado, cantando los clásicos con él, tomándose fotos, pidiendo autógrafos y entregando la presea máxima: el aplauso.

            Este año para el celebérrimo Tony Camargo, ha llegado la hora de un reconocimiento formal. Esta vez el gobierno decidió participar en el homenaje que una vez más le realiza Iván Zedillo en compañía de Toño Camacho.

            Tony está contento porque los políticos se han tomado un momento para hacerle un pequeño homenaje y está nervioso, porque tiene que cantar para la gente en La Mutualista y está un poco ronco.

            Tony o “Maratony” como cariñosamente le apodan algunos amigos por su inacabable energía, es más famoso entre las generaciones que se están yendo que entre las que van llegando, y se le recuerda con mayor fuerza a fin de año cuando miles de mexicanos bailan y cantan “El año viejo”, uno de sus temas insignia. El cariño que le tienen en los barrios populares sigue siendo desbordante al igual que la energía que a sus casi noventa años conserva.

            Al verlo, relajado y sonriente, amable con todos, descubrimos que nunca abandonó la humildad de sus orígenes y que aunque ganó fama y gloria, no conoció las jugosas regalías. RCA Víctor, su casa productora, le paga una risible cantidad por la venta de su obra y derechos de autor, pero eso no lo pone tan triste. Al final se ha ganado el amor de la gente y lo mismo ha compartido escenarios con Pérez Prado, Benny Moré y el Trío Matamoros, vendido pollos en Mérida o cantado boleros y guarachas con la pequeña orquesta de su localidad. Yucatán le gusta, como le gustan los panuchos y la cochinilla y es que ese estado le ha dado mucho, incluso el amor.

            “Para ser extranjero en Mérida, mejorando a los presentes, tengo unas bellísimas amistades. Estoy muy agradecido porque mi esposa Lupita es yucateca y a mí me han tratado de maravilla. Yo hasta hace poco estaba trabajando con la Orquesta Jaranera del Ayuntamiento, me acabo de jubilar hace pocos meses pero yo cantaba jaranas y merengues y de todo en los bailes populares” dice, mientras desenvuelve un dulce de jamaica que se lleva a la boca como un niño travieso. “Es que soy diabético y no debería, pero tengo rasposa la garganta y el compromiso que tiene uno con el público es tan grande que eso de cantar con la voz ronca no va”.



Al público da miedo verlo

 Tony Camargo, “El Mariachi Tropical”, después de tantos años de tocar desde en carpas hasta con las mejores orquestas a las que tenía acceso RCA Víctor, sigue teniendo un respeto absoluto por el público, al punto que le causa incomodidad.

            “Siempre le he tenido mucho miedo al público, por eso me gusta que cuando voy a un foro estén las luces en contra mía y no alcanzar a ver a la gente, no saber si están haciendo gestos o diciendo ‘qué feo canta ese señor’          Así desde siempre...

            “En fin, luego comencé a tocar en un trío, pero como no se tocar la guitarra me quitaron y para mi suerte fui a dar a un conjunto tropical, entonces ahí empecé en realidad; luego con orquestas y presentaciones en salones de baile, después de ahí las grabaciones y hasta la fecha seguimos”.

            “La gente en Guadalajara, mis paisanos, me quieren mucho y me preguntan qué recuerdos tengo de San Juan de Dios. Pues mis recuerdos son de cuando he venido de paseo, porque yo a los dos años me fui de esta ciudad, la verdad estoy muy agradecido de cómo me han tratado siempre. Además mis dos grandes amores son la Virgen de San Juan de los Lagos y la de Zapopan, eso que ni qué”.

            Tony se hizo de tablas en una carpa porque prácticamente creció en una. Sus padres trabajaban en esos pequeños circos ambulantes donde comediantes y actores de poco presupuesto se ganaban la vida cantando y haciendo chistes por centavos.

            Él comenzó a cantar a los siete años en las fiestas de sus padres “o en cualquier cumpleaños que hubiera, luego, luego, me aventaban para que cantara”.

            Conforme creció, y sin ayuda de ningún mecenas, se fue haciendo de un nombre hasta llegar a compartir el escenario con los más grandes y en los foros más importantes del continente americano.

            “Los conocí a todos, algunos por pura suerte, por ejemplo conocí a Bola de Nieve, fíjate que en Paseo de la Reforma había un edificio con un letrero que decía algo como Bonos del Ahorro Nacional y ahí había un night club que se llamaba el Minuet, el gerente de ese negocio era Toño Aguilar, antes de dedicarse a los caballos y todo eso. Entonces nosotros íbamos a ensayar con Los Diablos del Trópico porque íbamos a acompañar a Mary Aguilar en el Teatro Lírico y cuál va siendo mi sorpresa que de variedad estaban Bola de Nieve y debutando como bailarina Tongolele”.

            Pero eso ya es agua bajo el puente, al punto que hasta los nombres de las cosas y los ritmos van cambiando.

            “A la música tropical ya le dicen salsa, le dicen reggae, pero para mí cada ritmo tiene su significado y su armonía que es lo máximo para mí. La salsa está enriquecida por la guaracha, el son, la guajira y el bolero. Esos ritmos han venido a mejorar armónicamente las cosas, a mí me gustan la salsa y el reggae y la vivacidad y el cómo te digo, el sabor que hay que tener para tocarlas también”.

            Aquí pide un descanso, ya no quiere hablar, para guardar la voz para la fiesta, descansará el resto del día.

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