Cecilia Márquez Written by  Cecilia Márquez Mar 07, 2019 - 143 Views

Humus, hominum, humanity

 

La vida se reduce o se expande en proporción directa a nuestro coraje.
Anais Nin
 
No guardo coraje, lo canalizo.
No voy a hablar de números y estadísticas, sino de la visión de un ser humano. A cinco décadas de pisar este país, puedo ver con diferentes espejos la realidad. A los 14 años inicie mi caminar dentro del mundo del periodismo, sí: mujer, una casi niña en un mundo de hombres.
Conté con el apoyo de algunos, que rompiendo el estatus quo de la inercia machista que impera en México (tristemente hasta la fecha) y más en mi estado de origen, Jalisco.
En México tienes contratiempos, no hay equidad, igualdad y mucho menos respeto a lo que una mujer hace, dice, desempeña y lucha. Esa es la realidad, duele, pero es cierto. (Soy vivo ejemplo que) Siempre, a pesar de lo que se emprenda, se vive suerte de salmón, en difícil cuesta arriba; ayuda la experiencia, nada es fácil.
Un periodista que no vive la realidad de lo cotidiano, no puede compartir ni comunicar.
Ya sea en la vida publica, personal, en la iniciativa privada o en el gobierno, las dificultades son las mismas, un exacerbado sentido de descalificación para lo que el género femenino opina y hace. He realizado ejercicios, un tanto ociosos, de pedirle a compañeros expusieran mi propuesta, la misma hecha, en alguna ocasión por mi persona, y fue calificada como extraordinaria; mientras en su momento se me cuestionaba cada punto, en claro menosprecio a las ideas concebidas desde el género femenino. Pensar que todo lo logramos por ayuda de alguien, de algo que está más allá de nuestras capacidades e inteligencia, que tiene que ver con el uso de los recursos relacionados con la piel y el cuerpo.
He padecido acoso laboral, psicológico y físico, (que no le deseo ni a mi más grande detractor). Uno tiene que enseñarse a decir: prueba superada, pero no olvidada.
Los comentarios machistas no pueden faltar, uno debe soportar estoica, sufriendo casi de autismo (que por cierto me sale bastante mal) ya que siempre no pudo contener el emitir con argumentos, el pésimo sentido de ese tipo de “graciosadas”. Mi sentido masculino de defensa, no se compara con mi feminidad de luchar por la verdad y justicia, todo con sacrificio, sabiduría, inteligencia, amor y entrega. 
Las mujeres de México somos poderosas, las mujeres del mundo somos poderosas, todos los días lo demostramos, con y pesar de muchos, bueno hasta muchas.
Aprendemos de nuestros errores, señalados privada y públicamente.
Desde los 19 años ocupé cargos de jefatura y dirección, no fue, ni es fácil.
Encontré grandes promotoras y promotores, así como enemigos y enemigas gratuitas: Por el sólo hecho de hacer tu labor con dignidad y profesionalismo.
(No odio a quien me ha complicado mi vida, labor y éxito). La gran felicidad está en aceptar lo que eres, que puede hacer y lo que no quieres hacer, no envidiar a nadie y alegrarse de los logros ajenos, pero también de los propios; aceptar que eres digna de dar y de recibir. Sé lo que es violencia, pobreza e impotencia, no quiero que nadie la padezca.
Agradezco a quien, antes de mis quince años, me dio mi primera oportunidad, el periodista Gilberto Ramos Camacho, quien, contra las opiniones de algunos, que una joven ejerciera la difícil labor de reportera en el mundo deportivo, en un país donde ese territorio estaba marcado sólo para miembros de sexo masculino.
Era un mundo de voces masculinas, aún sigue sobreponiéndose a la femenina, pero más a la humana.
Es ahí donde quiero llegar, no es cuestión de sexos, de hombres o mujeres, sino de seres humanos. La equidad es dar a cada uno lo que se merece, siempre valorando sus méritos propios, desde cualquiera que sea su condición. Es ahí donde radica la igualdad, que todos y cada uno de los seres vivos -eso es algo que nos retorna al origen mismo de nuestro real poder- seamos parte de un todo. Una correspondencia de respeto y de equilibrio.
Ya es hora que rescatemos nuestra condición humana, ejerzamos ese derecho y obligación con responsabilidad, sin radicalismo. Evitando los calificativos negativos, esos que no aportan mejoras.
Es triste que tengan que existir días internacionales, nacionales, locales, etcétera de algo, para que nos recuerde la importancia de erradicar prácticas que sólo llevan a la aniquilación, la injusticia e inequidad de todas las especies.
No quiero machismos, ni feminismo. No importa si soy hombre o mujer, soy un ser humano: Es tiempo de ser humanos y mejores, de pensar en uno y en todos.

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