Julio González ESCRITO POR  Julio González Sep 12, 2014 - 225 Visitas

Mexiquense, haz patria y vende banderas

Como si la vida no valiera nada, Luis Hernández, un comerciante ambulante de tiempo completo, sentado en una banqueta del Centro Histórico de Guadalajara, dice que en México “el gobierno dicta y el pueblo obedece”. Aún así considera que en este país, —se desquita—, “hacemos lo que queremos”; por eso no le importa ver el festejo de la Independencia como un negocio, y no tanto como una celebración.

      A un costado de Luis Hernández, sobre la acera de la calle Corona, está un carrito admirado por los peatones, de carrocería tiene cuatro mamparas y, de “laminado”, banderas mexicanas de varios tamaños. El lábaro más grande es el de 350 pesos, y bien podría servir de mantel sobre una mesa rectangular para seis comensales. Ese vehículo también tiene instalado un espejo, pero no es un retrovisor, más bien sirve para que los clientes interesados en comprar “adornitos”, posen frente a él con antifaces, sombreros, moños charros, diademas, pestañas falsas, collares. Pura fantasía patriótica.

     Las decenas de carritos ambulantes en las calles de Guadalajara sólo tienen permiso para comerciar del 26 de agosto al 16 de septiembre. Ni un día antes, ni uno después. Si no, la multa podría ir desde los 275 hasta los 2 mil 705 pesos, estos acusan a otros por no pagar el trámite al Ayuntamiento. En esas fechas, los ambulantes a veces ni siquiera recuperan su inversión.

     Comerciar con la patria y salir ganando, en ocasiones depende de si llueve, o no, el 15 de septiembre, la mera noche del festejo. Las decenas de miles de pesos que Efraín, primo de Luis Hernández, y dos socios más invirtieron en los productos verde-blanco-y-rojo, se suman al sueldo de los vendedores y su manutención por prácticamente un mes. La mayoría de ellos no es de Guadalajara. Vienen del estado de México.

     La casa de Luis Hernández, un sesentón canoso, es un hotel donde él se hospeda conjuntamente con otros cinco vendedores foráneos que, en el día, venden rifles de madera, silbatos, blusas, calcomanías, tambores, matracas, chucherías.

     Luego de trabajar, guardan los respectivos carritos en un estacionamiento de por la zona y se van en camión, a descansar. A pasar la noche en unas colchonetas. Los cinco en un cuarto. Todo sea por un mes de chamba. Todo sea por la Independencia.

     ¿Cómo está el comercio en estos meses? “¡De la chingada!”, responde Luis Hernández. Y es que el homónimo del ex futbolista y seleccionado nacional, “El matador” Hernández, conoce el mercado ambulante y tianguero. El del Sol, el de Isla Raza, el de El Sauz. También sabe qué se vende mejor por fecha, el 14 de febrero, el 10 de mayo, el 15 de septiembre y el 24 de diciembre. Las demás fechas obedecen a la regla de oferta y demanda, no a la temática.

     Efraín aplica como ley un refrán, que para él no es letra muerta: “más vale que sobre, y no que falte”. Los ocho años que tiene visitando Guadalajara durante la temporada patriota, ha aprendido algunas lecciones. Por eso, cuando se le acerca un vendedor con bigotes estilo Emiliano Zapata, los revisa, se los prueba, le cuestiona el material, el pegamento, el precio. De su mariconera, no saca los billetes a la primera. Por más que sea un producto mexicano. “Este negocio no son enchiladas”.

     Para estos primos comerciar es una simple costumbre. Salir a la calle para negociar, comprar y vender. Ganar o Perder. Es lo que saben hacer. “Este es un oficio noble”, reflexiona Luis.



Mercado Libertad

Existe una relación entre el mercado de mayor tradición de Guadalajara, y el movimiento de Independencia. El Mercado Libertad, conocido como San Juan de Dios, de alguna forma le rinde tributo a una de las primeras y más importantes acciones que hizo el cura de Dolores, Miguel Hidalgo. Fue en Guadalajara donde un 6 de diciembre de 1810 se abolió la esclavitud.

     Ahora, el Mercado Libertad alberga en sus entrañas a mayoristas que representan el comercio nacional. La lista de mercancías incluye el barro, la madera, la piel, las artesanías y, por supuesto, la comida mexicana.



Interior

El Mercado Libertad es prácticamente un imán de compradores. Es un símbolo tapatío. Es parte del folclor mexicano.

     Ahí, en unos de los patios del Mercado Libertad, un comerciante inquilino llamado Arturo Rea, continúa con la tradición familiar de dignificar el vestido nacional. En el local 383, este hombre vende trajes típicos regionales, trenzas falsas, sombreros charros y hasta sarapes con el escudo de las Chivas.

     La temporada alta es septiembre, pero este año hubo otro mes fructífero para sus bolsillos. El mundial de futbol en Brasil y la efervescencia que el representativo mexicano generó en la sociedad mexicana, se vieron reflejados en compra de rebozos y sombreros de palma. Para las fotos triunfalistas había que posar con el ajuar nacional.

     Otro producto nacional es el sombrero charro. Arturo Rea vende a 300 pesos una edición tricolor hecha de cartón; hay otras, de vaqueta o terciopelo, en su mayoría en color negro con detalles verde-blanco-y-rojo, con el añadido de lentejuelas doradas.

     Arturo Rea triplica las ventas en el mes patrio, pero no sólo por los símbolos patrios. También están los vestidos tipo Adelita de 650 pesos, las blusas poblanas, los gabanes de Cocula o de Saltillo, que contribuyen para el ahorro de ganancias, por aquello de que existan otros meses con bajas ventas. Y sí los hay.



Exterior

Salir de su ciudad, Toluca, y de su casa, es una aventura que algo disfruta este púber. Apenas terminó la secundaria y entró a la vida laboral, para Miguel Ángel Susano no había de otra. Tenía que ayudar a sus papás con el gasto.

     Por eso, Miguel Ángel aceptó el trabajo que “La Señora” le ofreció: viajar a Guadalajara para vender banderas de México, junto con adornos, juguetes y accesorios tricolores. La propuesta incluía la manutención durante tres semanas. Un gasto menos para sus padres.

     “La venta ha estado baja estos primeros días. Vendo menos de 100 pesos al día”, dice el toluqueño. Pero ya mejorará, así lo piensa. “La Señora”, su patrona, le prometió una paga de dos mil 500 pesos por vender su mercancía afuera del Mercado Libertad, del 26 de agosto al 16 de septiembre. Con su sueldo, este adolescente apenas podría comprar siete banderas de las grandes, de las de 350 pesos.

     Sobre Javier Mina, frente a uno de los túneles que desahogan al Mercado Libertad de los tumultos de compradores de fin de semana, Miguel Ángel le dice a sus posibles clientes “lo que guste”, “a sus órdenes”. Es su primer trabajo como comerciante. Antes laboraba en una fábrica de desodorantes y otros productos similares, pero hubo recorte de personal y le tocó que lo “rasuraran”. Ahí la paga era de dos mil 800 al mes.

     El joven Susano no se ve como comerciante ambulante el resto de su vida. Espera volver al estudio para ser chef. A diferencia de su padre que es herrero, y de su madre que trabaja en una fábrica.

     La noche de 15 de septiembre Miguel Ángel tendrá que trabajar. Es la primera vez que vivirá el festejo de Independencia sin su familia, sin sus amigos. Tampoco sabe si comerá tamales, como lo hacía en Toluca; pero eso sí, dice, este festejo “es un bonito recuerdo de nuestros antepasados”.



La colonización china

“Pura calidad de exportación”. “Hecho en México”, reza el lema con el que los ambulantes amarran la “carrocería” de sus carritos. Las banderas y artesanías, como las guitarras, son productos nacionales. El resto, los juguetes de plástico, por ejemplo, son importados. Hecho en China.

     Aquel país asiático afecta a los negocios mexicanos. Sobre todo a los fabricantes. Pero no es exclusivo de la industria patriótica, sino también de la textil, la zapatera, la de curtidos, la artesanal. Digamos que este país no es tan independiente cuando se trata de importar productos y comercializarlos. Los chinos, de alguna manera, están colonizando México.

     Otro factor en contra de los ambulantes es el plástico. Pero no el de los juguetes, matracas, silbatos, aretes o demás objetos en sus carritos, sino el de las banderas hechas con ese material.

     En el mismo Centro Histórico de la ciudad se encuentra Plásticos El Salvador, una tienda que hace honor a la primer palabra de su nombre. Ahí se venden banderas mexicanas triangulares —con forma de rebanadas de pizza—. La oferta es de tres por 10 pesos. Los lábaros más económicos y de un tamaño similar de los ambulantes cuestan 35 pesos. Difícil competir contra el plástico.

     Los principales clientes de Plásticos El Salvador son restauranteros, planteles educativos y otros negocios. Ellos compran metros de plástico tricolor con las caras de los padres y la madre de la Patria. Los rostros de José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez y Miguel Hidalgo abarcan prácticamente un metro de plástico que tiene un costo de cuatro pesos. En estas fechas venden decenas de metros por día.

     Otro de los adornos consentidos de los establecimientos que “disfrazan” sus locales y escuelas son las campanas de papel de china. Sí, su nombre también se relaciona con China. Estas cuestan hasta 75 pesos y hacen tributo a la campana de la iglesia de Dolores, Guanajuato. Región donde comenzó el Movimiento Independentista.

Otro vendedor toluqueño y asalariado

“Ahora los chavos son más vale verga”, se queja Fernando Ambríz, otro mexiquense que viene de paso a Guadalajara para sacar algo de lana con la venta de banderas y chucherías tricolores. Como si ya no los hicieran como antes. Como si la vida no valiera nada, los chavos de ahora no les importan las tradiciones mexicanas.

     Con la mirada perdida en medio de Plaza Liberación, este comerciante espera un comprador. Paciencia y mucho aguante al sol son dos factores para no desesperarse en este oficio. “A veces, sí me refugio debajo de los árboles”, acepta Ambriz. Su gorra no lo protege del todo. Apenas la mitad de su rostro moreno.

     Pero el viaje desde el estado de México, el sol y las lluvias torrenciales —típicas en Guadalajara—, así como las bajas ventas de los primeros días, son poco en comparación del factor más importante: estar alejado de su esposa y sus tres hijas. “Todo sea por ellas”, por eso viene en agosto y septiembre. Por eso es taxista en Toluca, su tierra.

     Ya son siete los años que suma Fernando Ambriz como comerciante de objetos patrios. El primero fue en Puerto Vallarta, el resto en la capital jalisciense. Él calcula que en agosto y septiembre, del altiplano del país salen cinco mil vendedores y se distribuyen por toda la República. Es una tradición, allá ellos son comerciantes de pura cepa.

     Taxista, comerciante, y “lo que caiga”, Fernando busca esas chambas porque asegura que “la situación está canija”. Para un hombre como él, que no terminó la secundaria, conseguir trabajo es tan complicado como para un joven que busca ganarse un lugar en la universidad; no hay lugares para todos.

     Lo que más disfruta de venir a Jalisco es que a principios de septiembre es el Encuentro Internacional del Mariachi y al Charrería. Y en los diferentes espacios de la Cruz de Plazas de la capital del estado, hay eventos. Hay música. A él, cualquier canción de mariachi le gusta. “Todas son buenas para tomarse un tequila”, dice. Pero, agrega,  “ya ni para eso alcanza el dinero”.



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