Cecilia Written by  Nov 28, 2014 - 511 Views

¿De dónde?

Para el mexicano la vida es una posibilidad de chingar o ser chingado.

Octavio Paz

Ya huele a tiempos electorales.
En todos los cafés, restaurantes, pasillos de instituciones gubernamentales… y bueno, hasta en los sitios menos lógicos, se puede uno encontrar sucedáneos de los cardúmenes del Pacífico, las parvadas de cotorros del Amazonas, baches de la zona metropolitana, o simplemente imitando a las ratas de mercado, a políticos, empresarios y hasta uno que otro colado haciendo su luchita para salir en la lista de los elegidos por los dioses encumbrados del momento.


Todos y cada uno de los pertenecientes al llamado círculo rojo, el negro, el blanco, azul, amarillo, verde y hasta el multicolor traen una efervescencia digna de adolescentes en primavera encerrados en un cuarto de playa.

Son los ajonjolíes de todos los moles, opinan de todo con el menor pretexto.

Veo a secretarios de Gobierno, diputad@s locales y federales y algunos funcionarios de lleno en tiempos de campaña, disfrazándolas de informes, dando entrevistas al por mayor (pagadas, por cierto) en televisión, radio, algunos periódicos y en todos pasquines.

Lo que más me llama la atención, más que por ojo de buen cubero, es que todos son caballeros. Las damiselas, al parecer, no pelean con el mismo ahínco el hueso. Son fantasmas que esperan que “su líder” les diga a dónde irán.

Mientras en algunos partidos las mujeres son fuerza de promoción, en otros son meros artículos decorativos que se congregan en organizaciones feministas, capacitadoras de cursos (belleza, cocina, costura, reciclado, manualidades), los de avanzada dicen que ellas son las responsables del reclutamiento partidista o hasta de la congregación de bases de datos electorales, comisiones de cultura, género o defensoras de los derechos infantiles, organizadoras de eventos que emulan las fiestas de primavera en una primaria o consortes silenciosas que acompañan la comitiva de su jefe.

Hay muchas mujeres políticas a las cuales respeto, desde luego más por desgracia –y no por malinchismo- habitan en otras latitudes y ejercen el poder que realmente impacta no sólo a féminas y niños, sino a todo un país.

Son pocas (en una confesión que podría dolerle a muchas feministas o conocidas) las mujeres de la política mexicana que me merecen respeto y admiración.

Insisto: estoy hablando de las mujeres que dicen participar activamente en la política nacional, estatal o local.

No me dejo llevar por rumores, pero he corroborado que unas tantas utilizan, –muy respetable su metodología-, sus atributos físicos en un desgaste más allá de lo que una oficina o labor partidista exige, volviéndose consortes en una corte donde son satirizadas – en comidillas y a sus espaldas- por su arribo sorpresivo al puesto o responsabilidad.

Otras tienen que luchar, cual caballeros, por tener una posición de poder, cayendo por desgracia en los mismos vicios de corrupción, negligencia e impunidad que muchos llamados servidores públicos que son verdaderos criminales, ladrones y rémoras del erario.

Hay empresarias que resbalándose en (con) su ego, mal entendido, contienden para llenar cuotas en los partidos, evidenciando su ignorancia sobre todos los temas y sus soluciones; sus respuestas y discursos son tan comunes, carentes de fondo y hasta pintorescos, causando la burla de propios y ajenos. Su ceguera las coloca en el aparador, creyendo que así aportan a la democracia y a un verdadero cambio.

Tenemos también algunas académicas cuyo aporte en sus respectivas áreas de estudio les granjea ocupar puestos de importancia, aunque raramente son consideradas para ser lideresas de grandes movimientos políticos, más bien les dejan los … sociales, donde ejerzan presión, una leve y que no afecte intereses fácticos.

“Cecilia, eres una pesimista, machista, malinchista y sobre todo, no apoyas al género”, dirán.

No: soy realista.

Las profesionales que logran por sus méritos propios, su labor, persistencia, resistencia, inteligencia y astucia colarse a los primeros niveles son pocas: garbanzos de a libra.

 
Enumeraré cómo no son:



I

No usan vestidos que parecen envoltorios de plástico para cubrir las maletas que viajarán en algún avión. Lo suyo no es vestir como protagonista de telenovela del Canal de las Estrellas: con animal print –en todos los colores y más en rosa (en todas sus gamas)-, ni mucho menos con pendejuela (pedrería cual muestrario de mercería o de artesanías Miguelito). Tampoco usan faldas que parecen tener el objetivo de mostrar la tanga o evidenciar casi el inicio de sus glúteos y, claro, se abstienen de blusas donde la transparencia o el escote nos muestre que son copa C y hasta el modelo de su sostén.

II

No usan uñas de a metro, garras o palas con pedrería, colores exóticos y/o adornos según la época. Las extensiones o decoloraciones para verse megarrubias o coloridas pelirrojas, negros intensos cual esposa de vampiro, ni con peinados que serían dignos de una boda o de un cóctel.

III

El maquillaje tipo desfile de fantasía (una verdadera máscara), con bases poco naturales, rubor exagerado, labios que brillan como Swarovski, sombras saturadas, esmalte de uñas y pestañas tipo Minnie Mouse está fuera de su interés.

Son damas elegantes, que sin ser descuidadas, portan siempre el atuendo adecuado a la ocasión. Nunca parecen damiselas que, si tuvieran un tubo, podrían realizar esa difícil suerte de subir las dos piernas al unísono.

IV

No es necesario que salgan siempre con sus asesores (que a veces en los casos de las improvisadas, las hacen caer en el copy paste o por su poco poder de retención juegan al teléfono descompuesto, diciendo incoherencias).

 

Las verdaderas profesionales en el gobierno son intelectuales, sobrias y preparadas, cuidando el detalle en sus declaraciones, están en contra de la sobreexposición y a favor de hablar sobre los temas vitales, en los que, casi siempre, son especialistas y la referencia obligada para formar opinión.

Son capaces de emitir comentarios. Estas damas de hierro son competentes y preparadas. Protagonistas por su quehacer positivo, su valentía y congruencia.

Por desgracia para nuestro país, en este momento, no serán las mejores quienes ocupen el 50 por ciento de la cuota de género obligatoria por la Ley.

Seremos víctimas de la negligencia de los partidos y sus miembros honrosos, que pondrán hijas, ahijadas, sobrinas, hermanas, madres, madrastras, novias, amantes, ex esposas, esposas y consortes. ¿Cómo lo descubriremos? Basta con palomear los puntos arriba mencionados. Si cumplen más de tres, seguro padeceremos a estas damas que, como Pinocho, son títeres que toman control de su titiritero, convirtiéndose en talón de Aquiles que socava la democracia.

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