Cecilia Written by  Jul 21, 2017 - 454 Views

No me quiero casar: Soy una niña.

“Las niñas víctimas de matrimonio precoz sufren de multitud de daños físicos, psicológicos, económicos y sociales”

Muluken Arefaine.

¡No quiero casarme! Es el grito en silencio de millones de niñas que son obligadas a casarse. Menores que quisieran seguir jugando, disfrutar de educación y que los mayores al su alrededor, por cuestiones económicas, sociales y religiosas se niegan a escuchar. El clamor de una menor que en teoría tiene derechos humanos que respetar. No sólo pasa en África, Asia, también en América y en nuestro país: México.

El matrimonio debe ser “libre y completo” y contar con la aceptación de ambas partes, pero ¿cómo una niña puede enfrentar a su familia para negarse a que la casen a temprana edad? Esa es el verdadero problema. Si hace siglos existía el matrimonio de mayores con niñas, no veo porque en pleno siglo XXI debe continuar esta práctica.

He leído cientos de reportajes donde se habla de menores que son casadas con adultos mayores en acuerdos prenupciales realizados incluso antes de que ellas nacieran; chiquitas que son cambiadas por cajas de refrescos, sobre todo en algunas zonas rurales de México y Latinoamérica; enviadas a tener relaciones sexuales no consensuadas, sin la capacidad de negarse porque sus propios padres las trafican como mercancía. Padres que para no ser agredidos por el crimen organizado entregan a las niñas al capo de la zona ¿Es esclavitud? Para ellos no, ya que firman un documento, en muchos países de forma legal, en el nuestro, firmando una autorización por parte de los padres, aún que ello signifique el quebrantamiento de la dignidad infantil.

Eso es trata de personas, pero sobre todo entregan a su hija a una vida de violaciones en todos los sentidos. Se debe denunciar y castigar a quien lo haga. En México se dice que el 12 por ciento de casos de reporte de desaparición, tiene como origen que alguno de los progenitores entregó a la menor a algún adulto ajeno a la familia, para que la niña tuviera relaciones sexuales, viviera en pareja con él o incluso autorizando el matrimonio.

Tomado como habitual en África subsahariana, septentrional, occidental, oriental y Asia meridional, el matrimonio precoz de niñas es visto como normal; niñas y adolescentes son madres precoces obligadas. Por ello la Agencia de la Naciones Unidas en la búsqueda de garantizar el cumplimiento de los derechos de la infancia dictamina, desde 1946, en la Convención de los Derechos del Niño, esta práctica. Ahora ha fortalecido su campaña NO AL MATRIMONIO INFANTIL. ¡Todos deberíamos de pedir eso!

Que un niño y niña tengan calidad de vida. No pueden ser adultos, cuando son eso: niñas. El registro de muertes infantiles entre los 15 y 19 años son de miedo, pero lo que más debería aterrorizar es por consecuencias de embarazos prematuros. 16 millones de niñas están con procesos de gestación antes de sus 14 años, están casadas; unas 50 mil morirán por esta causa, cuestión que me niego a aceptar, a pesar de que sea una estadística que por abortos clandestinos sea más duro. ¿por qué nadie detiene esto?

El tabú social pesa, pero creo que existen ya muchas manos y voces, de hombres y mujeres para derribarlo. Valientes que han enfrentado, amenazas de muerte, realizada por poderosos y delincuentes.

Se subraya que las ahora mujeres, que fueron casadas o enviadas a convivir en pareja cuando eran niñas, el 20 por ciento provienen de hogares socioeconómicamente en pobreza extrema.

De la misma forma las niñas que reciben educación primaria son menos propensas a que sean obligadas a contraer matrimonio, que a aquellas que nunca han recibido alguna educación. En Zimbabue, el 87 por ciento de mujeres casadas antes de los 18 nunca habían asistido a una escuela.

No es la historia de Malala Yousafzal, ganadora del Premio Nobel de la Paz en 2014 un buen ejemplo, de que un grito silencioso, puede tomar fuerza si la voluntad de decir no; acceder al derecho de la educación le abre horizontes a los niños y niñas, a las que en muchos hogares les niegan esa oportunidad de vida.

Por tratarse de menores, en pocas ocasiones se registran los matrimonios infantiles, las encuestas de 100 naciones refleja que en los países en desarrollo, más de 60 millones de mujeres entre 20 y 24 años contrajeron matrimonio o fueron obligadas a vivir en pareja antes de cumplir los 18 años. Todo esto basado en estudios agrupados de indicadores múltiples, encuestas de demografía y salud, encuestas nacionales entre 1987 y 2006.

Estas 60 millones de féminas, 31 millones viven en Asia meridional y África, en países como Níger, Malí, Bangladesh, Chad y la República Centroafricana. Más del 60 por ciento de las niñas o pre adolescentes son obligadas a vivir con un hombre o a casarse mucho antes de que inicien sus períodos menstruales.

No son llamadas esclavas, se dicen libres por estar casadas y tener un “hogar”, a pesar de que no pudieran aplicar la negativa para casarse o para no tener relaciones sexuales, en muchas ocasiones con hombres que les triplican o cuadruplican la edad. Son fantasmas que paren otros hijos, que podrían ser sus hermanos por la diferencia de edades. Pero no es sólo un fenómeno que sucede en Asia y África, también en América se tiene casos registrados, como en Perú, donde las niñas procedentes del 45 por ciento de hogares pobres también contrajeron matrimonio antes de cumplir 18 años, según un estudio del 2000.

La discriminación por género, la falta de información, de equidad y el machismo, es la clave, ya que se les inculca obediencia ciega y docilidad para obedecer al género masculino y sobre todo garantizar una gran línea de reproducción no controlada. Más de 62 millones de niñas no van a la escuela en todo el mundo porque sus padres o tutores las utilizan para labores domésticas y en muchos casos para cuidar a sus hermanos o incluso hacen trabajos peligrosos, no sólo para su edad, sino hasta para un adulto. Muchas adolescentes son las madres de sus hermanos mientras, si bien les va, sus padres o madres trabajan.

El incremento del registro de la violencia contra las niñas y las mujeres, no es que sea un problema nuevo, sino que ahora existen mayores mecanismos para hacerlo. Pero es claro que las niñas y adolescentes que viven en matrimonio antes de los 18 años sufren en altos porcentajes violencia y malos tratos; uno que no entra en los número oficiales ya que los sistemas gubernamentales no aplican la clasificación de feminicidio o códigos de protección de manera oportuna, inhibiendo a las víctimas de realizar denuncias.

Del otro lado de nuestro continente UNICEF tiene registro por parte de los especialistas, que estas niñas son las principales protagonistas de una terrible estadística de “asesinatos por honor”, al negarse a contraer matrimonio, muriendo a manos de algún miembro varón de su propia familia. -¡No, no quiero!- son los millones de gritos que dan estas niñas que luego se vuelven madres de familias de más de 4 hijos, en promedio, que en muchos casos sufren desnutrición y carencia de lo más primario para vivir.

Los motivos de los progenitores para casar a sus hijas niñas son por que las consideran una carga económica y al hacerlas salir del hogar en esas edades la consideran una medida de supervivencia, no sólo para los miembros de ese casa, sino que también evita que las niñas sufran de agresiones sexuales, ya que cuentan con un varón que las proteja sólo a ellas. Según la teoría de “esa familia”, eso es lo “correcto”, sin saber que lo único se reproduce son patrones alterados que rompen el tejido social.

Lo cierto es que luego de casarse o vivir en pareja, las niñas y adolescentes abandonan la escuela, suman problemas de embarazos prematuros, con riesgos de mortalidad infantil y vulnerabilidad a adquirir enfermedades sexuales, entre ellas algunas mortales, por la falta de información y tratamiento como por ejemplo el VIH/SIDA, el que más muertes suma hasta el momento en menores de 18 años en vida sexual activa.

Me sumo a la campaña de NO AL MATRIMONIO INFANTIL de UNICEF y lo digo en forma activa. Todos y cada uno somos responsables: Denunciando a quién obliga a un menor a tener relaciones sexuales o “casándolo sin su consentimiento”, aquí comete un delito en México.

Podemos hacer más: firmar peticiones en línea para que en otros países las niñas puedan aplicar sus derechos, denunciando al tutor o progenitor, familiar u amigo que, literal, vende a su hija, hermana, prima, novia y conocida.

La lucha contra la trata de niños y niñas en este sexenio, tiene una muy mala calificación, pero más cuando en las comunidades rurales se les niega educación y peor aún el derecho a no contraer matrimonio antes de los 18 años.

Quienes aplican la Ley tiene un saldo grande con estas menores. Debemos de hacer mucho más, los medios de comunicación son una parte importante, los sistema de educación y salud; últimamente las Organizaciones Civiles, así como ONG son los que encabezan estos esfuerzos, no sólo reconozcamos con palabras a estos héroes, hombres y mujeres; aportemos nuestras acciones y de vez en cuando, no lo que nos sobra, sino recursos financieros para que estos paladines puedan apoyar a esas niñas, que sólo quieren jugar, no a tener bebés de carne y hueso; que no sean obligadas a tener una violación.

Siempre mi reconocimiento a todos aquellos que en el mundo ayudan a que se escuche el: No me quiero casar, soy una niña.

More in this category: « ¿De dónde? Patrón »

Leave a comment

Make sure you enter all the required information, indicated by an asterisk (*). HTML code is not allowed.

  • Twitter
  • Pinterest
  • Facebook
  • Instagram
  • Youtube
  • Google plus

publicaciones mas destacadas

contacto

  • This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.
  • This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.
  • (33) 36158790
Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…