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Written by  Aug 15, 2017 - 620 Views

Circo

Es como pretender elegir entre
un imbécil bueno o un inteligente malo
Jorge Valdano. 

“Es un gran avance. Es el primer paso” repiten sin parar políticos y “servidores” públicos. Si Jesús existiera —sólo por mencionar a equis personaje al que la mayoría de ellos respeta, aunque no vivan de acuerdo a su filosofía—, los escupiría por tibios, por quedarse a medias en algo que pudieran hacer bien, completo y a fondo.

      Todos los políticos en campaña prometen, muy pocos cumplen.

     Invierten millones en todos los niveles de gobierno, municipal, estatal o federal, y en todos los poderes, llámense Ejecutivo, Legislativo o Judicial; en cacaraquear los pocos huevos, aunque sólo sean para jugarle al encobijado. Que es lo mismo decir que la Maruchán, es más rica que la sopa de fideos que hace mi abuela.

     Prometer nunca empobrece, pero si los mexicanos usáramos más nuestra memoria política, seguro dejaríamos en la calle a muchos de los bien intencionados funcionarios electos y designados.

     La boca se les hace chiquita para cumplir, y grandota para prometer. Gozamos y mantenemos una fauna extraordinaria en nuestra clase en el poder: Dinosaurios, cocodrilos, hipopótamos, grandes felinos, tiburones, ballenas, etcétera, o todo aquello que goce de grandes fauces.

     Si de verdad defendieran y les interesará proteger a los animales, iniciarían con su propia especie: La humana y la naturaleza. Se preocuparían por soluciones reales y no espejismos. Si me escucho anti reformista, no me importa.

     Pero vayamos por pistas, por aquello de los circos.

     Trasládense a la pista real, caminen por las calles, en lugar de trasladarse en sus grandes camionetas conducidas por auxiliares, choferes o guaruras. Así entenderían que hay maltrato en todos los niveles, y no sólo a los animales caseros, de granja o de circos. Recordemos que los humanos también somos animales.

     ¡Bravo partido Verde Ecologista de México! ¡Bravo PAN! ¡Bravo PRI! ¡Bravo PRD! ¡Qué bueno que se interesan en dolor que le causan a los animales en cautiverio y que son explotados para obtener beneficios económicos! ¡Qué bueno que se preocupan por crear reglamentos que prohíban los circos con animales y que se ejerzan penalidades a aquellos que sean denunciados por maltrato a perros, gatos, etcétera!

     ¡Qué regrese la humanidad a la especie!

     Pero hay circos que no los clasificamos como tales. Todos los domingos a muchos de estos reformadores de avanzada: legisladores, funcionarios y políticos, se les ve en plazas de toros, palenques y fiestas charras, con puro en boca, dama presumidora y pachita con coñac. También muchos se vanaglorian de sus capacidades como cazadores, colgando sus presas en la sala de su residencia u oficina, enmarcando su foto de pose con un animal asesinado, que la única culpa que tuvo es cruzarse con alguien que no caza por sobrevivencia, sino por placer.

     Las aves, los caballos, los toros, osos, jabalís, jirafas, elefantes, venados y felinos pueden ser sacrificados, lastimados y asesinados en pos de la tradición o por “deporte”.

     No soy vegetariana, pero estoy a favor de una muerte sin dolor a aquellos animales que nos comparten su deliciosa carne.

     ¡Hereje!, me debaten algunos. ¿Cómo me atrevo a pensar en acabar con los atractivos y tradiciones mexicanas como las suertes charras o la pelea de gallos?

     Pues entonces, realicemos actos de rescate de las verdaderas raíces: Descorazonemos humanos, o lacémoslos vivos por las escaleras de las —todavía en pie— pirámides o de los, ya que hay muchos, rascacielos; sacrifiquemos arrojando a cenotes, o grandes baches, doncellas y personas con capacidades diferentes.

     Gracias a nuestras autoridades, a la impunidad y a la corrupción, ya contamos con espectáculo gratuito de sangre y crueldad. Cuerpos calcinados, degollados, desmembrados, embolsados y colgados.

     No es justo tampoco gozar con el dolor de un animal, como tampoco es válido hacer a medias como que gobierno, como que solucionó la inseguridad y como que castigo la corrupción, la violencia y la negligencia.

     Eso aniquila cada año a millones de mexicanos, dejándolos en el hambre, en la desigualdad, sin falta de oportunidades. Mientras Televisa y TV Azteca —por mencionar a las nacionales— los meten a su circo de la caja idiota en programas de Talk Shows, mostrando y burlándose impunemente de seres humanos que carecen de educación, salud, de todo, hasta lo más básico, y que lo que quieren es mejorar su calidad de vida.

     Es más es tortura la programación de este duopolio, que disminuye y afecta las capacidades de decisión de millones.

     Hagamos nuestro Coliseo mexicano, dónde en un estadio, hombres con armas se balaceen, en lugar de que sean personas inocentes las que pierden a miles por el famoso daño colateral, y que las televisoras trasmitan ese espectáculo en vivo, mientras algunos cientos de políticos y servidores engrosan sus cuentas bancarias con los sobornos que reciben por hacerse de la vista gorda, y sigan diciendo: “Aquí no pasa nada”. “Los índices delictivos descendieron”. Cada vez que dicen eso, en lugar de darme risa, me gustaría ponerles enfrente a la madre de alguna adolescente secuestrada y presa del tráfico sexual, al hijo de un adulto mayor enfermo, que no cuenta con seguridad social, al cual golpearon los pandilleros para quitarle el dinero de sus tortillas de la semana.

     Qué el Gobierno Federal tenga que intervenir por el incremento sobrehumano de nexos con el narcotráfico, ya es lo suficientemente ofensivo, deprimente.

     Nuestros jóvenes normalistas, nuestros muchachos estudiantes, nuestros chicos de la calle, los de familia y los sin familia son carne de cañón. Son asesinados impunemente, eso debería dolernos más.

     A los políticos debería caérseles la cara de vergüenza por las maquilladas que dan a las cifras reales, pero —sobre todo— por tibios o corruptos.

     Hay que proteger los recursos, sí, pero no sólo para explotarlos o dejarlos explotar por el extranjero.

     Hay que hacer reformas y leyes, disminuirlas, para dejar menos espacios de  “interpretación” al poder judicial. Para que en esos escollos no se apliquen sentencias que afectan a millones.

     Defendamos nuestros recursos: aire, agua, fauna, flora y talento humano.

     Que se castigue, con penalidad aplicable a un asesino en serie, a aquellos industriales, empresarios, elementos del crimen organizado y funcionarios negligentes que permiten que los exploten y contaminen, afectando la salud y bienes de todos los mexicanos.

     Defendamos a nuestros animales, pero de todas las especies —incluida la humana—, hagamos leyes que de verdad nos muestren como el primer mundo que decimos ser, aunque afecten a ciertas tradiciones sagradas.

     Millones de niños y jóvenes no tienen que comer, sufren de violencia en todos los sentidos, no tienen hogar, educación de calidad y menos contacto con mejores oportunidades. Millones de adultos padece eso todos los días.

     Bien por ir en contra del maltrato de animales salvajes, pero creo que también deberían castigar, de verdad, a los animales que enfermos de codicia rompen el tejido social.

     Señores políticos: sean coherentes, vivan en la austeridad, la transparencia y justicia que predican.

     Cada vez que escucho un discurso mareador, me los imagino vestidos con un impermeable transparente caminando, en pocas palabras, “en cueros”, por el centro de las ciudades y poblaciones, como el monarca del famoso cuento del traje del rey.  

     Si eso les garantizara simpatizantes, seguro harían.

     Sus palabras y acciones no coinciden.  Menos sí están en su curul, en su oficina, en su camioneta de lujo pagada por el municipio, en los cabildos, en las direcciones y al frente de los gobiernos municipales, estatales y federales.

     Debería caérseles la cara a pedazos por ser muestras permanentes de incoherencia e incapacidad… ¡Y qué se ponga el saco a quien mejor le quede!

     Sean reales defensores de los animales.

     Cierren sus fauces hambrientas de poder y dinero. Disminuyan su soberbia y hagan, no a medias, el México que presumen. No quieran seguir viéndonos la cara de buey —aunque lo logran con la gran mayoría—, porque de repente puede despertar una hidra de millones de caras que en verdad realice un cambio. Un animal  que utilizando las redes sociales, esas nuevas garras de la tecnología y las de la principal industrial mundial, las armas, inicie una revolución. ¿Exageré? No.

     Porque en varios estados agradecen la defensa de los seres que nos acompañan en la tierra, pero también están cansados de ver morir a sus hijos de hambre o por injusticias.

     Por si no se dieron cuenta ya hay varias pistas abiertas, dónde hombres y mujeres están dispuestos a todo. La vida ya la pierden, y sin tener un buen fin.

     Ojalá no nos volvamos un circo, espectáculo de otros países, por no haber podido cumplir las promesas que en campaña se hicieron.

     Bajemos la temperatura, dejemos de ser tierra caliente y volvámonos, como todos los mexicanos merecemos, tierra de esperanza; no un circo impune dónde los dueños necesitan borregos, para mimetizar su disfraz que cubre a feroces fieras.

     Postdata: Si algún narcotraficante, ladrón, secuestrador, asesino, empresario, industrial, político, presidente municipal, servidor público, juez, magistrado, secretario, fiscal, procurador, diputado, senador, gobernador o presidente cree que se habló de él, es pura y animal coincidencia.



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