Carlos Cuarón ESCRITO POR  Carlos Cuarón Aug 29, 2017 - 214 Visitas

Mendigos

¿Cuál es el cronograma de esos beneficios?

Carlos Cuarón.

Guillermo era un adolescente que se robaba las guayabas fresas de la casa de la vecina. Acompañado de sus inseparables libretas donde escribe y dibuja, soñaba con hacer efectos especiales para las películas. Él es el padre de Hellboy, al que el propio escritor y animador, Mike Mignola  —el autor del comic para Dark House Comics—, dijo era impecable e inigualable. El Oscar aún no llega…pero estoy segura no será sólo uno.

    “El Gordo”, como le dicen sus amigos, nació en Guadalajara, se casó con una altruista veterinaria y dejó “su Jalisco” porque resultaba insuficiente en apoyos para el tamaño de películas que él quería realizar.

    De nueva cuenta, Antonio Urrutia,  un carismático jalisciense con De Tripas, Corazón, demostró en 1997 que en el estado sobra talento, al ser nominado al Oscar con ese cortometraje. Es uno de los más exitosos directores de campañas comerciales, fuera de Jalisco.

    Más que por empeño, terquedad, resistencia y mucho sacrificio los cineastas de nuestro estado se ven en la necesidad de migrar a la capital o, de plano, a otro país.

    “Si puedes filmar en México, puedes hacerlo en cualquier lado”, le dijo Pedro Almodóvar a la, entonces, novel Kenya Márquez.

    Ciertamente, esa directora de cine, misma que transformó la anterior Muestra en el actual Festival Internacional de Cine de Guadalajara, ha logrado premios por cortos, documentales y su largometraje Fecha de Caducidad; además de críticas y reseñas en los diarios más prestigiados del mundo.

    En Jalisco hay talento para repartir, directores de arte, staffsgaffers, guionistas, continuistas, productores, directoras de vestuario, maquillistas y, sobre todo, directores que han ganado cientos de premios y reconocimientos fuera de su país, llevando el nombre de su estado en alto y, sobre todo, el de México.

    La lista es larga, no sólo la multipremiada Kenya Márquez, sino Patricia Riggen, Samuel Kishi, Sofía Carrillo… Completarla, da para varias cuartillas.

    Sí, tenemos todo para ser industria, pero falta algo. Voluntad política.

    En la India de 1984, Indira Gandhi buscó alternativas para reactivar la economía de su país, el cine era uno de esos caminos. Más atrevido, Amartya Kumar Sen apostó por fondos de apoyo —no préstamos, sino estímulos a fondo perdido—.

    Casi 15 años de protección y apoyo a la filmación local en India, dio frutos. Bollywood es ahora la industria que más películas produce en todo el mundo y una de las fuentes de trabajo y derrama económica en todo ese país.

    ¿Si otros ya recorrieron la experiencia, porqué no tomarlos de ejemplo?

    Si los cineastas de Jalisco quieren hacer cine, pues… Que empeñen casa, auto, trabajen como esclavos, se endeuden de por vida y sufran.  Y que se conformen con que vengan cineastas de otros estados, o países, y les remuneren la “maquila” como si fuera un premio, con poca percepción financiera por su trabajo.

    Aún así, los cineastas jaliscienses no cejan. Destinan meses a crear proyectos en costosas carpetas que les permitan tocar puertas. Algunas, como las de los apoyos nacionales, IMCINE, tienen por desgracia una preferencia muy centralista.

    Estos guerreros no se vencen y visitan a todos los funcionarios posibles, quienes, no pocos de ellos, se dan taco del tamaño de Godzilla, y desde las primeras entrevistas que “conceden” dejan entrever que no son muy conocedores de lo que significa filmar un largometraje. Los hacen esperar horas en antesalas donde espera que se vuelvan macacos para el gobernante en turno.

    Pero, basta con que algún farolón los apantalle, porque son verdaderos estrategas —que igual podrían cerrarle el ojo a algún empresario internacional—, para que ellos, cuál aztecas derrotados entreguen a los conquistadores sus tesoros. Los recomendados por otros poderosos también tienen ventajas, no importa que esos talentos sean menores al de los locales.

    Orgullosamente, tenemos directores jaliscienses que han obtenido cientos de reconocimientos internacionales en festivales y hasta premios del público —por aquellos que opinan que el cine de autor no es rentable—; pero no, el criterio predominante tiene condiciones leoninas, hechas por burócratas que creen, por soberbia, que saben más que Steven Spielberg.

    Por mi parte, aplaudo la reciente creación del Fideicomiso de Cinematografía del estado de Jalisco. Creación un tanto apresurada y que se presta a malas interpretaciones.

    Quizás exista en ese fideicomiso una excelente intención, pero, por su mal manejo, se ha convertido rápidamente en un verdadero volcán de especulaciones, unas no muy halagüeñas y, otras, dignas de Maquiavelo.

    Sería triste saber que cientos de cineastas de Jalisco se esfuercen por armar una carpeta en tres semanas, misión casi imposible, para acceder al fondo del Fideicomiso de Cinematografía del estado de Jalisco, el que primero se mencionó con un monto de 37 millones de pesos, del que ahora sólo le mencionan 17 millones. En alguna parte se atoraron 20 millones, espero que sea en una buena obra en beneficio de todos los cineastas.

    ¿Por qué se empeñan los políticos en convertir a los talentos intelectuales en mendigos? No lo sé y quizá ellos tampoco.

    Ojala el Gobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval Díaz —quien por cierto siempre ha afirmado que le encanta el cine—, escuche las voces de estos samuráis de la cinematografía de Jalisco, su estado, y se logre conformar el mejor fideicomiso cinematográfico del estado. Reglas más claras y con protección a los originarios del estado. Igual a lo que sucede en Monterrey.

    Aplicar a fondo perdido en proyectos que podrían detonar industria, bien vale la pena que metan en esa categoría al cine.

    Sólo así, con un apoyo constante, en un mínimo de diez años y abarcando diversos rubros como capacitación, incubadoras, guiones, etc., y no queriendo sacar raja comercial desde el inicio, evitaremos que otros Memos del Toro se vayan del país y que en Jalisco no seamos el Hollywood de México.

    Sólo falta voluntad política de largo aliento, de esa que sólo demuestran los estadistas que forjan los grandes cambios y que hacen historia.


 

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